viernes, 8 de mayo de 2020

Cuarenta Años.

Cuando se habla de cuarenta años, para algunos puede ser una eternidad, para otros no. El tiempo ha sido el mismo, las mismas horas, los mismos minutos, pero para mí, estos primeros cuarenta años de vida matrimonial han pasado, no rápido, sino rapidísimo.

¿Es tal vez porque  la he pasado bien, o porque no me ha sucedido nada tan grave como para tener que lamentar? ¿Decisiones erradas? Muchas, las que quiera, ¿Desaciertos?, bastantes, luchas pocas, pero ahí han estado, acechanzas, miles y a diario, tentaciones, cada día, victorias, por supuesto que sí.

Es que escribir un historial de testimonios de mi vida y no hablar de la relación de pareja, sería como desconocer que he vivido estos cuarenta años.
Martha era una niña de un año de edad cuando llegó a mi vecindario. Recién inaugurado el barrio, carecíamos de muchas comodidades. La vi llegar con su mamá y sus cuatro hermanos. Una vez llegó de visita con su familia a mi casa. Mi papá los atendió y les daba consejos. Bueno mi papá era consejero de mucha gente, él amaba tremendamente dar consejos a vecinos, amigos y claro, a sus hijos.
Mi nueva vecinita fue creciendo con sus hermanos, y nos hicimos muy amigos. Nosotros vivíamos en la casa de la esquina, al lado la del señor González, luego la de doña Leonor de Guerrero y luego la de Martha y su familia. Nos visitábamos seguido, hacíamos tareas juntos, jugábamos a barco a la vista, escondidas, rejo quemado, soldado libertado, al tarrito, bolas y trompo, yoyo y runcho, y así se nos pasó la juventud.
Para principios de 1978, la niña ahora era una señorita universitaria muy linda que asistía al Externado de Colombia.

Yo había comprado una moto, y casi siempre la acercaba hasta la universidad. El domingo 4 de febrero del mismo año, le declaré mi amor, le propuse que nos hiciéramos novios. No puedo decir que iba a la fija, porque habíamos sido como hermanos, pero si albergaba la esperanza de formar una bonita pareja.

Dos años pasaron hasta el 20 de diciembre del 1980 cuando nos casamos en la iglesia del Campin, a las 11 y media de la mañana. Los padrinos fueron el señor Alberto Castellanos y su esposa, y la señora Marina de Duque y su hijo Orlando. Una ceremonia muy sencilla, solo los amigos, y algunos familiares. Sin fiesta, solo paseo a Melgar. En esa época los que iban a la costa o a San Andrés eran de platica, nosotros no.
Habíamos alquilado una habitación en la casa de la señora Edelmira Casallas en la carrera 19 con calle 63, un lugar residencial muy bonito y cerca de mi trabajo.

Como anécdota quiero contar que mi primer día de trabajo, mi flamante nueva esposa se quedó en la casa para esperarme con el almuerzo. Cuando llegué a medio día me tenía unas deliciosas lentejas, pues ella había aprendido a cocinar muy bien en su casa paterna, y hasta hoy valoro  ese maravilloso don de la sazón. 
Feliz regresé a las seis de la tarde, y una vez más había lentejas del almuerzo. Bueno, no deseo alargar la historia. Tuvimos lentejas toda la semana, porque ella estaba acostumbrada a poner en la olla una libra completa. Se olvidó que solo éramos dos, Hoy nos acordamos y nos reímos, de eso y de muchas otras cosas que nos han pasado.

Al llegar a cuarenta años juntos, más dos años de novios, más toda la vida de vecinos y amigos, la relación se ha hecho cada vez más fuerte.
¿Desacuerdos? Claro que sí, no somos perfectos, pero nunca peleas, nunca maldiciones en la casa, jamás agresiones, más bien historias, paseos, diversión, trabajo, y mucho pero mucho diálogo. Aun hoy que somos “muchachos antiguos” ese diálogo permanece intacto y es tal vez lo que nos mantiene alegres y en completa comunicación.

Doy gracias a Dios por haberme puesto a esa joya en mi camino, es virtuosa, es modelo de madre, es amorosa, prudente, no se ríe como una hiena, jamás fue cantaletosa, no le gustaron nunca las visitas, siempre mantuvo el equilibrio en el hogar, e hizo un maravilloso trabajo con nuestros hijos, ellos son aceptados en todas partes y esa es la mejor calificación a una buena crianza. Martha se hace querer donde quiera que llega, y por todos los lugares por donde hemos pasado, siempre dejó personas que hasta hoy le aman y la recuerdan con especial afecto.
Hoy quiero honrar a mi esposa y darle gracias sobre todo por su paciencia. Yo soy colérico sanguíneo, santandereano y pentecostal. Una mezcla dinamita, pero ella con su sabiduría me supo guiar, y aprendí que cuando me habla siempre lo hace con verdad.

Tenemos una entrevista que nos hicieron el 6 de mayo del año 2020 en YouTube. 
Aquí le dejo el enlace para los que deseen ver.    

https://youtu.be/rkD6xnpErps (Copiar y pegar)

https://youtu.be/rkD6xnpErps

Continúa…
Hasta pronto.

Alonso


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